domingo, 7 de marzo de 2010

Conociendo una Rubia Debilidad

En verdad no sé como empezar a describir lo que sucedió con esa muchachita.

Fue en marzo yo me encontraba en Chile, en una ciudad al sur de la capital de este país.

Era de noche, creo que como las 22:00 y yo estaba ebrio afirmado a la barra de un bar, en donde ella trabajaba como cajera o adicionista.

Me bebí unos cuantos vodka tonic y ella continuaba mirándome fijamente a los ojos, y me sonreía.

No aguanté más y me acerqué a ella, a pesar de mi evidente ebriedad, pudimos entablar alguna conversación. Fue entonces cuando aproveché y le pedí el número de su telefono móvil.

Me fui a casa y durante mucho tiempo no la ví ni le llamé. Creo que fue una manera de perdonarle la vida.

Me tuve que quedar varios meses en esa maldita y fría ciudad de Chillán, hasta que por un juego del destino la volví a encontrar. Me recriminó mi falta de interés al no llamarla, y tuve entonces que disolverme en adolscentes excusas.

La invité a un bar, y fue allí donde pude apreciar toda su belleza, que obnubilaba mis ojos y que hacía temblar mi mano y mi navaja.

No hice más que hablar toda la noche, casi sin dejarla participar. Ella me miraba fijamente y yo timidamente la observaba con notorio interés.

Su pelo rubio y rosados labios eran artísticamente flamantes en esa blanca piel. Sus diecinueve años no eran impedimento para mí.

De pronto, sobresaltada me dice que debe irse a casa. Yo ya no podía esconder mis ganas de beber su sangre, pura y angelical. No se que ocurrió pero logre contenerme y la lleve hasta su hogar. En la puerta de éste y al pedir poder verla nuevamente nos besamos calmadamente.

Esa noche para calmar la impotencia y la rabia me embriagué como un animal. Golpée a dos imbéciles que se atrevieron a las 05:00 de la mañana a mofarse de mi estado etílico.

A los días después la llamé por telefono …

Uan Jugada del Azar

En verdad no recuerdo bien cual fue el motivo de mi viaje a esa ciudad.
Yo llevaba días en un estado de letargo y cuestionamiento moral por lo que me sucedía.
Pero llegué hasta allá; busqué un hotel decente y un lugar donde comer algo dulce. Un cortado y un trozo de torta de manjar no me caería mal.
Casi a las 2 de la tarde me paseaba por la plaza del lugar, admirando las bellas estatuas desnudas que adornan la pileta principal. Caminaba y de pronto, la veo pasar contoneando su cuerpo de una lado para el otro. Mayor fue mi sorpresa cuando al seguirla me percato que era Pamela. Como olvidarla si la amé toda mi infancia, si sus besos fueron los primeros, si sus juegos son los que hasta hoy me reprimen. Me acerqué y cuando me disponía a hablarle, ella exclamó mi nombre. Nos abrazamos durante largos segundos. Por mi mente, raudamente pasaron mil películas que me recordaban todos los años juntos. Nos comentamos que era de nuestras vidas y por ende, la invité a almorzar, pero se negó ya que se dirigía al trabajo; sin embargo dijo : – salgo a las 8 de la tarde si quieres esperame en el hospital y se marchó. Corrí raudo al hotel ordené mis pertenencias por si la suerte me acompañaba y ella quisiera acompañarme a pasar la noche juntos. Estuve toda la tarde impaciente, me fumé una decena de cigarrillos y bebí un par de brandys esperando a que llegara la hora. Ya a las siete me metí al baño, luego saqué mi adorada navaja y me afeité el rostro mirandome fijamente al espejo. Mi reflejo sabía lo que ocurriría esa noche; mas yo me negaba a creerlo. Cinco minutos para los ocho y yo estaba en la afueras del remozado hospital de la ciudad; de pronto comencé a sentir el aroma de su perfume en mi nariz, y en mis oidos la musica que sus tacos hacian al tocar el pavimento. Mi sangre empezó a hervir y mi cabeza parecía explotar. Presagios de mis dolencias y acciones futuras. Nos abrazamos y besamos nuevamente, caminamos por la ciudad como dos enamorados recordando tantas vivencias de nuestra infancia. Finalmente, llegamos hasta el Club Social para cenar juntos. Fue ahí que me percaté que el dato del botones del hotel habia sido el indicado. Valía los 2 dolares que le dejé de propina.